Por si vuelve la luz: relato íntimo de amor y esperanza
Imagen realizada con IA Esa noche él dejó su mano sobre el mantel, con la palma hacia arriba, abierta como una pregunta, esperando a que la mía se posara en ella. Yo hablaba, por primera vez decía en voz alta lo que llevaba tanto tiempo callando, y las palabras me salían solas, una detrás de otra, como si llevaran años haciendo cola. A él se le iban humedeciendo los ojos, y yo, que era la que contaba, la que había vivido cada una de aquellas frases, las oía salir de mi boca como quien escucha la historia de otra. No fue una liberación. Fue pudor, y un «ya me da igual», y un «ya salí de esto sola como para que ahora venga nadie a consolarme». Su mano seguía allí, esperando, y mientras yo hablaba, mi cabeza me lo dijo bien claro: nunca has necesitado a nadie para salir de tus problemas, y no vas a empezar ahora. Así que no la cogí. Y no fue por dureza. Fue porque mi corazón, ese que antes bailaba descalzo como una niña en una verbena, sin miedo a nada, con los bolsillos llenos de amor pa...